I think that people are the greatest fun
August 26th, 2008Mi soundtrack de hoy:
Mi soundtrack de hoy:
Veo la foto de Joe Biden, el senador elegido por Barack Obama como compañero de fórmula para las elecciones de noviembre, y lo veo tan pero tan blanquito que se me hace que lo eligieron más por razones cromáticas que políticas.
La sucesiva eliminación de casi todos los atletas argentinos en Beijing trajo como consecuencia el consabido reclamo, tanto por parte de los periodistas como de los mismos atletas, para que el Estado apoye el deporte: o sea, para que el Estado ponga dinero así esos atletas pueden entrenar mejor, superarse, y estar más cerca del podio.
Si uno no lo piensa demasiado, es imposible estar en contra de esos reclamos. Pero pensándolo un poco, ¿tiene sentido pagarle el sueldo a un pelotudo para que pueda pegar un salto de más de 5.30 metros? ¿Es realmente necesario darle dinero a una gorda para que sea capaz de tirar el martillo más lejos que una china?
¿Por qué eso no nos parece una ridiculez absoluta y, en cambio, nos morimos de risa con el humor absurdo de este sketch de los Monty Python?
Me molestan aquellos que, para señalar que no forman parte de la manada, claman con ironía: “Claaaaaaaaro, ahora a todo el mundo le interesan las carreras de bicicletas. Ahora todos hablan de Curuchet.”
Y sí, pelotudo, ¿qué querés? ¿Que piense en Curuchet los 365 días del año?

Hay que estar siempre borracho. De eso se trata todo: es la única cuestión. Para no sentir la horrible carga del Tiempo que vence sus espaldas y los inclina hacia la tierra, hay que emborracharse sin tregua.
¿Pero de qué? De vino, de poesía o de virtud, a su gusto. Pero emborráchense.
Y si a veces, sobre la escalera de un palacio, sobre el verde pasto de un foso, en la sombría soledad de su cuarto, se despiertan, la borrachera atenuada o desaparecida, pregúntenle al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregúntenle qué hora es y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, les contestarán: “¡Es hora de emborracharse! Para dejar de ser esclavos martirizados por el Tiempo, emborráchense, ¡emborráchense sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, a su gusto.”
Charles Baudelaire, 1864 [incluído en Pequeños poemas en prosa]
Borges le contaba a Bioy un día de julio del ‘63: “Propuse a Erro que los escritores, por intermedio de la SADE, renunciáramos a que algún día den a una calle nuestro nombre. Para mantener las tradiciones de la ciudad, para que no se nos confunda con una calle, le expliqué. Él en seguida cambió de tema”.
¿Qué diría Borges si supiera que la calle rebautizada fue justamente Serrano, esa que está a un lado de la manzana pareja que ya no persiste en su barrio? Quizás le quedaría el consuelo de saber que Serrano todavía existe en Villa Crespo.
Sobre la otra parte de su temor, puede estar tranquilo: nadie pregunta, todavía, “¿Qué Borges? ¿El de la calle?”. Peor le fue a Leopoldo Lugones, a quien transformaron involuntariamente en “La Lugones”.
Hace poco más de un año yo salía embobado de la proyección de La tourneuse de pages, un buen thriller francés que se estaba proyectando en el Festival de Mar del Plata, completamente enamorado de su protagonista, Déborah François. Decía que, en ese momento, no se me ocurría la posibilidad de la existencia de una mujer más hermosa que ella. Por supuesto, estaba embobado.
Hoy fue tapa de La Nación Espectáculos la incomparable Ludivine Sagnier. Es la protagonista de Una mujer partida en dos, la última de Claude Chabrol, que se estrena mañana. Sin ningún lugar a dudas, es esta la chica más linda del mundo.
Fue todo gracias al gran François Ozon. La conocí en Gotas que caen sobre rocas calientes, basada en una obra de teatro de Fassbinder (otro amigo de la casa), en donde, si me disculpan el estúpido juego de palabras, calentaba hasta a las rocas. Después pude verla en 8 mujeres, en donde eclipsó a dos hermosuras como son Emmanuelle Béart y Virginie Ledoyen, y eso que se pasaba la película en un pijama nada sexy (a la vista, porque al tacto seguro iba como piña). Por último, en la genial La piscina: el desprejuicio sexual hecho personaje, capaz de despertarle los ratones hasta a la reprimidísima escritora inglesa que hacía Charlotte Rampling.
Pero como una imagen vale más que mil palabras, y dos tetas mucho más todavía, acá van unos fragmentos de Gotas que caen sobre rocas calientes, así entienden de qué hablo.
Y para que vean que esta chica no es sólo un buen par de tetas, un número musical en-can-ta-dor de 8 mujeres: